Todo estaba oscuro. La única luz que alumbraba aquella dependencia la proporcionaba la luz de la luna que se introducía a través de la pequeña ventana que daba al patio interior. Aun así no se veía nada pero el miedo de despertar a Paul si veía la luz de la cocina encendida era más grande que el miedo de tropezar con algún objeto o de pisar alguna cucaracha que de vez en cuando correteaba por allí.
Así que al final, con la luz apagada y los pies descalzos, pasé el umbral que daba a la cocina. Cogí un vaso de agua, me dirigí al frigorífico y al abrirlo la luz que salió de él me encandiló de tal manera que durante unos segundos tuve que cerrar los ojos. Cuando los abrí, y con la puerta del frigorífico aún abierta, me eché medio vaso de agua, volví a colocar la botella en su lugar, cerré el frigorífico y lentamente me dí la vuelta con la idea de apoyarme en él mientras me bebía aquel vaso de agua.
Aquel dulce sorbo de agua nunca llegó a mi boca pues cuando más cerca estaban mis labios de aquel vaso mis ojos negros se encontraron con la mirada azul de Paul. Él había estado allí, sentado a oscuras durante todo ese tiempo y no me había dado cuenta de su presencia. Ahora su presencia había hecho que el vaso de agua se me resbalase de las manos, cayendo al suelo y haciéndose mil pedazos. El agua se esparció por doquier. "¿Te he asustado?"- me preguntó. "No te esperaba"- le contesté. Con paso firme me dirigí hacia mi dormitorio cuando escuché a Paul preguntar "¿no vas a beber agua?". Me di la vuelta, abrí nuevamente la puerta del frigorífico y bebí de la misma botella. No me importaba dejar las babas en ella pero sí que Paul notase que todo mi cuerpo estaba temblando.
Días después de aquello todo volvió a la normalidad. Si Paul siguió matando a gente no lo sé. De vez en cuando me encontraba a mí misma leyendo los carteles de "chica desaparecida" que se habían hecho habituales en cada farola, parada de autobús o comercio de la ciudad.
Tres meses más tarde la policía se presentó en casa. El que ya no se hablase del caso no quería decir que éste se hubiese olvidado y por métodos o procedimientos que yo no conozco dieron con el asesino de aquella joven. Un agente le puso las esposas mientras que otro le leía sus derechos. Mientras veía cómo se lo llevaban un tercer agente se me acercó para informarme de que aquella persona con la que había estado compartiendo el piso era el causante de la desaparición y posible muerte de una joven y se creía que había hecho lo mismo con otras tantas personas; que aun no tenían pruebas de las otras desapariciones y supuestos crímenes pero que iban a investigar y que yo había sido muy afortunada al no haber sufrido daño alguno conviviendo con semejante "animal".
Yo no dije nada. Siempre se dio por hecho que yo no sabía nada. Y ese fue el día en el que ví a Paul por última vez. Después de su arresto y tras ver cómo desaparecía tras la puerta de la casa respiré profundamente y caí desplomada en el sillón del salón.
Veinte minutos antes de que aquella escena tuviese lugar Paul me había mirado fijamente a los ojos y con pasos lentos y torpes había llegado junto a mí para susurrarme al oído: "Siempre supe que tú lo sabías". Tras esto escuché unas voces: "Policía. Abran la puerta". Paul se giró para abrir la puerta. Yo le cogí del brazo antes de que lo hiciese. Él clavó la mirada en la mano que lo sujetaba y luego la dirigió hacia mí. "¿Por qué no me mataste aquella noche?". "Te seguí durante días esperando a que me delatases pero nunca lo hiciste. Si esa noche o algún otro día lo hubieses hecho no lo habría dudado pero nuca lo hiciste. Aún no sé por qué te callaste. Esa noche estabas muerta de miedo y aun así te quedaste aquí, en esta casa, a mi lado. Esa noche te ganaste mi respeto, mi admiración".
Paul se dio la vuelta y abrió la puerta dejando que los policías cumpliesen con su obligación. "Ahora tengo que irme. No puedo seguir aquí, no puedo…." Nunca llegó a terminar la frase. Abrió la puerta. Los tres agentes entraron como locos en casa y nunca llegó a acabar la frase.
Aquella fue la última vez que lo vi. Nunca pude ir a visitarlo a la cárcel porque él nunca llegó a la cárcel. No habían pasado ni tres horas desde que aquellos policías se lo habían llevado esposado cuando un grupo de unos siete hombres entraron en casa buscando por todas partes alguna pista que les pudiese llevar hasta su paradero. Sí. Paul nunca llegó a su destino. El coche patrulla en el que iba apareció abandonado en una cuneta. Podría haberse tratado de un accidente pero los cuerpos de los policías que iban en él nunca aparecieron. El del agente que se dirigió a mí para informarme del arresto de Paul tampoco apareció. Él no iba en ese coche patrulla. De hecho parece ser que una vez que salieron de casa llegó a tomar una dirección diferente lo que explica que su coche no apareciese en aquella cuneta sino abandonado en una cala desierta a la que poco antes una patera acababa de llegar. Pero de su cuerpo no había ningún rastro. Era como si se hubiesen desvanecido en el tiempo. Como si nunca hubiesen existido. Quizá estuviesen en el mismo lugar en el que se encontraba aquella chica del bar. Son cosas que nunca se llegaron a saber, una información que nunca se llegó a conocer.
Yo me fui de aquel lugar. Ahora vivo sola en un pequeño estudio y gracias a dios no tengo habitaciones para alquilar o conocidos con los que compartir mi pequeño espacio pero el recuerdo de Paul nunca podré borrarlo de mi memoria. Sus ojos siempre estarán ahí, mirándome en la noche más oscura. La frase que nunca llegó a terminar siempre estará dando vueltas por mi cabeza y su recuerdo siempre estará presente en cada noticia sobre personas desaparecidas.
Son muchas las personas que a la hora de comer se reúnen y ponen las noticias, aunque no le prestan la más mínima atención a los sucesos. Yo, sin embargo, miro el televisor y escucho atentamente cada una de ellas. Quizá algún día hablen de Paul.

4 comentarios:
buahhhh! pero q chulo q está. Me a tenio enganchao desde el principio. Q wapo!!!!!!!
15 de septiembre de 2007
Genial, me ha dejado sin palabras. Es un relato cotidiano, con un inicio rutinario y que integra los cambios en la rutina de una forma bestial. El estilo de descripción es fluido y ameno, natural. Además, el ritmo del relato es perfecto, con un inicio lento que inserta una "revolución" en la trama, pero que la introduce asimilándola de una forma maravillosa en la rutina que se describe desde el inicio. Incluso el abrupto final, si bien lo hace en menos grado, transmite esa sensación de "esto es normal, me lo esperaba" que hace de este relato una joya...
Espero que hayan más como este, en serio.
¡saludos!
PD: El único fallo que he encontrado es que hay algunas partes en que la puntuación está desestructurada y no dá todo el suspense que debería, pero por lo demas, chapeau
18 de septiembre de 2007
Eileen ya sabes lo que opino de tu relato, y es que me impresionó mucho. Espero que nos pongas más historias de esas que tu haces que son una pasada y me tienen enamorá.
Muy buena Ei
19 de septiembre de 2007
Sencillamente me encanta. Las palabras que utilizas siempre son las indicadas para que uno siga leyendo. Me ha encantado el relato, con el principio que tenia no esperaba que diese ese giro . Espero que hagas alguno mas, asi me serviran para aprender a mi, que tambien me gusta escribir, pero comparado con lo tuyo, no llega ni a la suela de los zapatos n.nU.
Salu2!
19 de septiembre de 2007
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