A la mañana siguiente no había rastro alguno de aquella chica por ningún lado. No se sabe con certeza lo que Paul había hecho con su cuerpo ni el lugar en el que lo hubiese enterrado…en el caso de que lo hubiese enterrado en algún lugar. Sólo sus familiares y amigos sabían que algo malo había sucedido y claro, yo por supuesto, sabía que algo malo había sucedido. El por qué no dije nada. El por qué me mantuve callada mientras esa familia lloraba a gritos aún no lo sé pero sé que mi silencio me salvó la vida.
Aquella noche, después de haber presenciado como Paul se convertía en un monstruo, recuerdo que contuve la respiración durante unos minutos creyendo que mi propia respiración podría delatarme. Di unos cuantos pasos hacia atrás para alejarme de aquel horrible lugar y cuando creí que ya estaba fuera de aquella pesadilla eché a correr como nunca antes lo había hecho. El que esa noche me hubiese visto corriendo de aquella manera podría haber pensado que alguien me perseguía. Y no era así. Nadie me persiguió aquella noche. Ahora sé que nadie corrió tras de mí aquella noche. Lo que no sabía es que el recuerdo de lo que ví se iba a quedar grabado en mi mente para siempre y que aquellas escenas que presencié me perseguirían durante toda mi vida por más que hubiese corrido aquella noche.
Recuerdo que las piernas me quemaban de tal modo que llegué a pensar que aquello podría ser el principio de una lesión grave. Hubo un momento en el que me las sentí tan hinchadas que creo que le faltaron espacio dentro del pantalón vaquero desgastado que esa noche llevaba puesto.
Aquella noche, después de haber presenciado como Paul se convertía en un monstruo, recuerdo que contuve la respiración durante unos minutos creyendo que mi propia respiración podría delatarme. Di unos cuantos pasos hacia atrás para alejarme de aquel horrible lugar y cuando creí que ya estaba fuera de aquella pesadilla eché a correr como nunca antes lo había hecho. El que esa noche me hubiese visto corriendo de aquella manera podría haber pensado que alguien me perseguía. Y no era así. Nadie me persiguió aquella noche. Ahora sé que nadie corrió tras de mí aquella noche. Lo que no sabía es que el recuerdo de lo que ví se iba a quedar grabado en mi mente para siempre y que aquellas escenas que presencié me perseguirían durante toda mi vida por más que hubiese corrido aquella noche.
Recuerdo que las piernas me quemaban de tal modo que llegué a pensar que aquello podría ser el principio de una lesión grave. Hubo un momento en el que me las sentí tan hinchadas que creo que le faltaron espacio dentro del pantalón vaquero desgastado que esa noche llevaba puesto.
No me llevó mucho tiempo alcanzar el portal del edificio en el que se encontraba la casa que compartía con Paul. La puerta del portal estaba abierta aunque los tramos de escaleras hasta la quinta planta parecían no tener fin. Varias veces mis pasos torpes, inseguros y temblorosos tropezaban con el filo de algún escalón haciendo que mi cuerpo se desplomase como si de un muñeco de trapo se tratase sobre la hilera de escaleras que aún me quedaban por subir. Las palmas sonrosadas de mis manos ya magulladas se llevaban todos los golpes pero el temblor que recorría todo mi cuerpo en ese momento junto con el estado de "shock" en el que me encontraba no me hacía sentir el dolor o las molestias que aquellas caídas me pudiesen provocar.
La verdad es que era un fastidio el hecho de vivir en una casa situada en una quinta planta de un edificio sin ascensor. Sin embargo en esa situación por nada en el mundo me hubiese introducido en alguno de ellos. La idea de llegar a la quinta planta y encontrarme frente a Paul al abrir la puerta del mismo me dejaba sin respiración.
En pocos menos de un minuto que para mí se convirtió en poco más de una hora me encontraba frente a la puerta de nuestra casa. No obstante me llevó más de diez minutos el poder abrir la puerta que me conduciría a un lugar que creí seguro. Es sencillo buscar el conjunto de llaves en el interior de un bolso, elegir una entre seis, incrustar la llave elegida en la cerradura de la puerta y dar un par de vueltas hacia la derecha…pero cuando tus manos tiemblan de una forma inusual, el sudor que cubre tu frente hace que te escuezan los ojos y los latidos de tu corazón te están provocando una taquicardia que casi te impide respirar la cosa se complica.
Al final logré entrar en casa. Me puse el pijama lo mas rápido que pude y me metí en la cama. Pocos minutos después de esto escuché como la llave de Paul abría la puerta de casa. Sentí como un escalofrío recorrió mi cuerpo y como un sudor frío me bañaba de pies a cabeza.
Todo estaba en silencio. Podía escuchar perfectamente los latidos de mi corazón. Éstos retumbaban en la habitación de tal modo que parecía que algún vecino estaba dando golpes en algunas de las paredes colindantes. Por más que lo intentaba no podía relajarme. Mi corazón centrado en su afán por salir de mi pecho y el sonido estremecedor que provocaba el ritmo de sus latidos que casi se podían saborear me impedía concentrarme en otras cosas, en otros pensamientos, en otras imágenes diferentes a las que en ese momento se habían hecho dueñas de mi mente.
Paul golpeó de forma tranquila y elegante la puerta de mi habitación antes de abrirla. En la oscuridad de la noche logré apreciar su figura esbelta y ví como la luz de la luna que se colaba por la ventana le hacía frente a sus ojos azules. Paul entró en la habitación. "Hace frío esta noche para que tengas la ventana abierta"- me dijo. Yo no le contesté. Me limité a mirarlo fijamente. Él también me miró durante unos segundos antes de dirigirse nuevamente hacia la puerta. Sus manos fuertes, grandes y hasta hacía poco cubiertas de sangre, se apoyaron en el pomo de ésta. "¿Has salido esta noche?"- preguntó dándome la espalda. "No…¿por qué me lo preguntas?"- le respondí mientras notaba como la sangre se movía a gran velocidad por el interior de mis venas y arterias. No me contestó y desapareció tras la puerta. Si alguien en ese momento me hubiese mirado a los ojos me hubiese visto las pupilas tan dilatadas que se hubiese llegado a asustar.
Cielos…no sé por qué no salí corriendo; no sé por qué no llamé a la policía; no sé por qué actúe de la forma en la que lo hice. Simplemente me quedé parte de la noche acurrucada en la cama, abrazando con tal fuerza la almohada que si hubiese sido el cuerpo de una persona le habrían acabado saliendo los órganos por la boca, salpicándome la sangre a la cara. Pensaba en esta situación un tanto irreal y surrealista y de nuevo me envolvía la misma escena que pocos minutos antes había presenciado en aquella calle sin salida. De repente una insoportable sensación de angustia invadía mi cuerpo y tenía la boca tan seca que el malestar se hacía cada vez mayor.
Por esta razón decidí abrir la puerta del dormitorio, dirigirme hacia la cocina y beber un poco de agua. El salón estaba tranquilo, la puerta de la habitación de Paul, cerrada, y la cocina en perfectas condiciones. Lo más seguro es que Paul se hubiese acostado sin cenar ya que tenía por costumbre no recoger nada hasta que otro llegase a quitar sus cosas de en medio.

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